Ave De Paso

Je dois juste m'asseoir,
Je ne dois pas parler,
Je ne dois rien vouloir,
Je dois juste essayer,
De lui appartenir.

—Francis Cabrel 

Te escucho contarme lo que te aqueja. Preferiría no saber lo que te pasa, pero desde el primer momento caigo en la trampa. Me obligas a enterarme de por qué frunces el ceño y me miras con esos ojos nublados; por qué se te quiebra la voz al pedirme consejos, como si yo fuera más sensato. Luego apartas la mirada, supongo que para ocultar tu vergüenza al mencionar su nombre. 
     Me compadezco de ti y trato de entender tu situación. Pero por más que agonizo cuando la pena te aflige, todo este argumento me mortifica, y ya no lo resisto. No puedo defender tu postura. No quiero que me hables de él. Ojalá que no existiera. No me importa en lo absoluto. ¿Por qué debería importarme? Su amor por ti es solo un juego. Dame una sola razón por la que no debería decirte adiós, irme y dejarte vacía.  Al fin y al cabo, eres sencillamente un ave de paso.
      Me hablas como si no me tuvieras frente a ti. Irracionalmente, tratas de tomar mi mano, como si yo fuera él. Me estremezco, y retrocedo. No quiero aventar la pasión, ni sembrarla en un terreno infértil, para que después se extinga a causa de alguien que está aquí transitoriamente. Cuando al fin te percatas de mi presencia, y me preguntas cómo me encuentro, con la mente hecha un caos al que no puedo vencer, te respondo que estoy bien.                                           
     Pero lo que nunca sabrás es que te miro lleno de miedo cuando te brillan los ojos y sonríes. Cuando hablas, apenas puedo captar lo que dices, porque en realidad no te estoy escuchando, simplemente me dejo llevar por el movimiento de tu boca y me regocijo, alucinado por la misteriosa inflexión de tu voz. Observo tus manos constantemente mientras se desplazan en el aire. Conozco la geografía de tu piel a pesar de que nunca te he palpado, y la humedad de tus labios, aunque nunca te he besado. No te hablaré de las noches de insomnio; de cómo sonrío al ver tu nombre en mi correo; de que catorce días se sienten un tiempo eterno durante el cual apresuro los relojes, hasta poder volver a caminar cerca de ti, junto a ti.              
     Pronto te irás. No solo es el hecho de que marches, sino la forma en que lo haces. Me dejas con una tristeza profunda. Me habría gustado verte a diario, llevarte al aeropuerto y despedirnos con un  abrazo inacabable, un raudal de lágrimas y muchos besos, consciente de que muy bien podría ser esa la última vez que nos viéramos. Tú, sin embargo, has fijado una distancia muy precisa entre nosotros, y yo no tengo más remedio que observarla y aprender a aceptar de ti lo que estás dispuesta a dar, sin exigir más. 
     Dentro de poco te librarás de mí, al igual que otras que han venido y se han ido. Habrás desaparecido por completo de mi existencia, sin darte cuenta de lo que significaste. Gracias a ti aprendí a reprimir mis inclinaciones perversas y dejar en libertad lo que hay de bueno en mí. Sin embargo, una vez más, ¿por qué debería decirte esas cosas? Eres ínicamente un ave de paso, una vida fugaz que brevemente se cruzó con la mía.    
 
----------------------------------------------------------------------------------------- 
© Translated from the English by William Almonte Jiménez, 2012
© English title: “Passers-by”
© William Almonte Jiménez, 2012
-----------------------------------------------------------------------------------------