Se le ocurrió que lo que antes le había parecido completamente
imposible, especialmente el hecho de que no había vivido como debería haberlo
hecho, podría, después de todo, ser verdad. Se le ocurrió que sus impulsos
vitales, reprimidos brutalmente por sí mismo, apenas los había experimentado, y
podrían haber sido lo único verdadero y real de su vida, y todo lo demás
falso...Trató de defenderse y justificarse ante sí mismo y de pronto sintió
cuán débil era lo que estaba defendiendo y justificando. No había nada que
defender.
–Leo Tolstoy (La
Muerte de Ivan Ilyich)
La muerte llegó por correo. ¡Qué vulgar! Yo me la esperaba de manera más
apoteósica; con la túnica, la capucha, y la guadaña en mano; acercándose
lentamente, después de haber cruzado desiertos, montañas, y mares; marchando al
compás de la Danse Macabre de Berlioz; haciendo temblar la tierra con
sus pasos pesados; y yo, llenándome de terror con el estruendo cada vez más
audible; y cuando tocara, la casa se
estremecería, y yo me haría pipí en los pantalones; y cuando tumbara la puerta
con sus toques y me mostrara su rostro descarnado, yo sencillamente moriría de
miedo.
© Texto y fotografía, William Almonte Jiménez,
2012
Pero no fue así; vino en un
sobre, sin remitente, dirigido a mí, naturalmente; con un sello estampado que
decía: Special Delivery. Era un sobre grande, de papel manila, de esos
que el Ministerio de Defensa usa para notificar a las familias que un hijo
murió en tal o cual guerra. Como yo no tenía hijos en la guerra, batiéndose por
los intereses de las corporaciones y la clase gobernante, entendí que me
estaban anunciando mi propia muerte.
Cuando abrí el sobre, ella
salió de él, y sin ser invitada, como si fuéramos viejos amigos y me conociera
de toda la vida, caminó a través de la sala y se sentó en el sofá. Llevaba
tacones altos, vestido negro, cortísimo y ajustado; pelo y ojos negrísimos;
exceso de maquillaje; y un escote que mostraban unos senos apetecibles. Se
sentó cruzando las piernas, dejándome ver la mitad de sus nalgas.
– ¿No me vas a dar un beso de
bienvenida, cabrón? –dijo, mirándome de manera libidinosa.
¡Vaya! Una mujer; y encima de
eso, linda y sensual. Me entraron unas ganas terribles de hacerle el amor,
hasta morir; que de eso se trataba; me había llegado la hora.
–Te sorprende que sea una
mujer, que sea guapa y voluptuosa ¿verdad? No puedes negarlo; seguro que en
este momento sólo estás pensando en cogerme, y chuparme las tetas y la panocha.
–No me sorprende que seas una
mujer, me asombra que seas tan prosaica.
–Es porque no soy pendeja
como tú; soy chingona; digo las cosas como son. Lo que pasa es que la muerte no
es lo que ustedes piensan; es otra cosa. Somos muchos los que trabajamos allá
arriba, en el Ministerio de Defunción, para poder dar abasto. Sólo somos
emisarios. Digamos que hacemos el trabajo sucio que los burócratas de allá
arriba decretan pero no se atreven a ejecutar. Si alguien fue un buen tipo,
como tú, por ejemplo, me mandan a mí, para que tengas una muerte feliz. Pero si
fuiste un hijo de la chingada, te mandan a Stalin. Ese no es su nombre; lo
llamamos así por lo sádico que es; ese maldito goza haciendo sufrir a la gente,
antes de que mueran. ¿Ves? los de allá arriba no son del todo unos desgraciados
insensibles; tienen algún sentido de la justicia.
–Si lo tienen ¿por qué nos
pusieron aquí? ¿Cuál es el propósito, el sentido de todo esto?
–Eso es lo malo de ustedes
los humanos, tienen que buscarle un sentido a todo. Han desperdiciado una
cantidad obscena de energía y tiempo buscándole significado a la vida. Los
filósofos, monjes, y científicos han llegado hasta el extremo, tratando de
explicarlo todo, y no han alcanzado ninguna conclusión. Mientras más
profundizan, el misterio se hace más grande. Pero ustedes siguen de pendejos,
buscando respuestas; y se dejan engañar de cualquier líder religioso que les
prometa el cielo y la vida eterna. El
buscarle desesperadamente un sentido a la vida sólo produce estrés, úlceras,
depresión, una tendencia a inventarse religiones que les digan lo que ustedes
quieren oír, y la anuencia de entregarles a esos demagogos las riendas de sus
destinos; y ellos, naturalmente, se aprovechan. Y los más mamones de entre
ustedes, si no encuentran las respuestas que quieren encontrar, se
suicidan. ¿Qué tal si descubres que la
vida no tienen ningún sentido? ¿Que simplemente eres un grano de polvo en el
vasto universo? ¿Que vives al azar? ¿Que tu existencia no afecta a nada ni a
nadie? ¿Qué diferencia habría? ¿Pero quién carajo te dijo que todo tiene que
tener sentido? ¿Es que la aurora borealis es menos impresionante si no
entiendes los fenómenos físicos que la causan? ¿No es al revés? Cuando sabes
cómo el mago ejecuta sus trucos, deja de ser magia. Así que, déjate de
chingaderas. Si quieres eliminar la angustia existencial que te agobia, deja de
adoptar esa postura estúpida de investigador maestro que tiene que analizar la
vida y el universo hasta desentrañar sus últimos secretos, hasta entender qué hace
que el universo gire en el sentido en que lo hace. Tu error ha sido que te has
pasado todo el tiempo buscándole una explicación a la vida, en vez de vivirla;
por eso tu vida es incompleta. Se te dio la oportunidad de pasar por este
mundo; ¿qué importan las razones? El propósito de tu vida es vivirla a
plenitud. Vive todo lo que puedas, viaja, ama, sé tu mismo, riega el amor y el
bien por todas partes; deja de pensar. El único pecado verdadero es
desperdiciar el tiempo que se te ha dado en este planeta. Porque después que te
mueras, ¿sabes qué te va a pasar? ¡Con una chingada! Volverás al lugar de donde
viniste, al polvo. ¿Sabes por cuanto tiempo? por toda la eternidad. Los átomos
que se te prestaron regresarán al seno de la madre tierra. Después renacerás,
eso sí, en el pétalo de una flor, la hoja de un libro, o los ojos de una linda
mujer; y, en ese sentido, vivirás eternamente. Pero no te asustes, que no estoy
aquí para llevarte; estoy aquí para advertirte; te van dar una segunda
oportunidad. Sabemos todo sobre ti; que siempre has sido un buen tipo; que
nunca le has fallado a nadie: ni a tus padres, ni a tus hijos, ni a tus amigos,
ni a tus mujeres. Todo eso está muy bien; pero esa etapa de tu vida ya pasó.
Después que tus hijos crecieron y se fueron de la casa: ¿qué has hecho con tu
vida? ¿Qué piensas que es la vida? Te la dan para que la uses, para que la
vivas.
–Hago lo que puedo; viajo,
leo, escribo.
– ¿Y eso de qué te sirve?
Puedes entender y explicar lo que es una ecuación diferencial, un pulsar, un
hoyo negro, las implicaciones socio-políticas del Contrato Social de
Rousseau, dónde queda el Mar de Mármara, pero lo más sencillo e importante,
como bailar, no lo sabes, nunca lo aprendiste. ¿No te da vergüenza tanta
soledad? ¿No quieres andar por el mundo de la mano de alguien? Y las mujeres:
¿qué has hecho con ellas? Estás más solo
que la mierda; lamentándote, y pensando mamadas. Se te ha ido todo a la
chingada. ¡Pendejo!
– ¿Y qué quieres que haga? Lo
he intentado muchas veces; ahora tiro la toalla; ya no voy más.
–Se te han dado muchas
oportunidades de amar, pero no has sabido aprovecharlas.
– ¡Oportunidades! ¡Qué risa me da! Ustedes
siempre me han dado a escoger de dos males el menos mal. Nunca una tercera
alternativa.
–Ha habido muchas mujeres que
se han cruzado en tu camino. ¿O no es así?
–Eso no es del todo cierto. Benázir y yo no
podíamos sentir nada el uno por el otro que no fuera una amistad sincera.
Jill-Marie me desdeñó; supongo que porque soy más viejo; a veces pienso que fue
porque soy más negro. Tanto Carmela como Nevin ya tenían un marido. Albania y
Guadalupe no tenían espacio para mí en sus vidas; lo importante era su
profesión, sus hijos, y su patria; tenían que regresar a su patria. Sofía tenía
dilemas psicológicos que yo no podía resolver, no podía ayudarla; y además,
cinco gatos rebasaban el límite de mi tolerancia. Pero no puedes negar que con
Elyssa fue diferente, que sí hice un verdadero esfuerzo, que la quería, que
hice lugar en mi vida y mi corazón para ella; que le daba la importancia que se
merecía; fue ella la que se aburrió; supongo que porque el Diablo es más
divertido que los ángeles. Pero ¿qué puedo hacer? Ustedes me hicieron así; ¿qué
culpa tengo yo de que a las mujeres les gusten los tipos malos? Y no te vayas a
creer que no he intentado ser uno de esos; pero no me luce; y no funciona,
porque es falso, fingido.
– ¿Y de Arsinée, qué me
dices? Se rumora que estás enamoradito de ella.
–Eso no es verdad; y si lo
fuera, ¿qué caso tendría? Ella no lo está de mí; y de nuevo, la historia se
repite; no hay espacio para mí en su vida; lo importante es su profesión, sus
hijos, su patria; muy pronto se irá, para no volver. ¡Qué ironía! las mujeres
que se cruzan en mi camino tienen que regresar a su tierra. ¿Ustedes hacen eso
a propósito, para fastidiarnos la vida? ¿Es que se aburren allá arriba y tienen
que jugarnos bromas pesadas y crueles? ¿Es así cómo se divierten?
– ¡Vete a la verga! Déjate de
joder, y dime qué vas a hacer. ¿Vas a dejar que se vaya, como dejaste ir a Albania y a Guadalupe? Síguela hasta el fin
del mundo. No seas cabrón.
–Armenia está muy lejos.
– ¿Ves? Ese es tu problema;
eres un pinche, pendejo, come mierda; no tienes huevos. El resto de tu vida,
que no es mucho, tienes que vivirlo de manera diferente. Te voy a parafrasear a
Henry James: Vive todo lo que puedas; no hacerlo es una equivocación; no
importa mucho lo que hagas, siempre que tengas tu vida. A Doris Warshay: Viaja
lo más lejos posible, alcanza la alegría que hay en tu alma, cambia las
limitaciones que conoces, siente cómo crecen tu mente y tu espíritu, vive, sé,
existe, ama, desea, escucha las verdades que hay dentro de ti. A James
Kavanaugh: Vete, sé libre, deja tras de ti a los estériles, a su segura
esterilidad, vete sin decir dónde vas, camina a través de un campo baldío, y
allí deja el mundo, y aléjate luego, despreocupado, como un Atlas sin empleo.
¿Te sorprende este arranque de filosofía? Tú no eres el único que sabe de
libros; hace milenios que ando por este mundo; no soy tan vulgar como me
piensas; yo también he sabido ilustrarme. Pero el punto es que te queda poco
tiempo, y tienes que usarlo sabiamente. Si lo haces, vendré yo a buscarte, y
vas a poder cogerme y mamarme todo lo que quieras; que se que ganas no te
faltan; y tendrás una muerte placentera.
Si no lo haces, te va a llevar la chingada; te mandarán a Stalin; y
créeme, la reputación que tiene ese hijo de su puta madre, no es por nada; te
hará morir de la manera más cruel y dolorosa que te puedas imaginar. De manera que, ten cuidado, piensa muy bien
lo que vas a hacer. Como dicen ustedes
por estos parajes: Don’t fuck up!